domingo, 12 de junio de 2011

Niña Golosa


Por Alexis Gómez Rosa


A los doce años me gustó el tipo

que mataba las vacas:

un carnicero enorme a quien llamaban Felipe.

Verlo meter el cuchillo y escuchar las vacas

mugir temor y desespero,

me atestaban contra la pared, sufriendo

en entrepiernas, aquel corto escalofrío

que reclamaba un mundo.

Felipe, Felipe Aracena, un moreno de bíceps

gladiadores, destinado a cometer mayores

asesinatos mejores.

Y rimó, como en los viejos tiempos:

perfidia y pasión en el torrente sanguíneo.

Desde pequeña lo espiaba la sangre

lo atenazaba el candor.

Mis hermanas no lo prefiguraron mis amigas:

un carnicero angelical, brazo de niño,

imaginaba mi febril

y precoz adolescencia.

Gustaba él del bolero lo derramaba

con la más fina estocada.

Yo lo escuché una vez exhibiendo su animal

ensangrentado, y dejé aquel chorro de agua

majarme el clítoris erguido.

(Tiempo después supe que así se llamaba

esa glándula del tembleque y el gusto).

Tenía doce años y me gustaba

ir al matadero. El olor de la sangre

me hizo parir tres hijos.



De Marginal de una lengua que persigue su forma (2009)

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