viernes, 2 de marzo de 2012

Tarde


Hoy se me hizo tarde la mañana,
se me hizo tarde el sonido,
se me hizo tarde la luz,
se me hicieron tarde los latidos.

Hoy se me hizo tarde el amar,
el buscar respuesta,
el dar la vida por la nada,
el vivir con el sol a cuesta.

Hoy se me hizo tarde,
pues no me queda nada….
y al final de todo quien me amó,
es quien me mata.

Hoy se me hizo tarde
ya no quiero más recuerdos,
solo quiero el camino
que me aleje de mis muertos.

©Azucena del Valle

viernes, 2 de diciembre de 2011

Postales de Frank Báez


"En Postales, galardonado en el 2009 con el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña, Frank Báez se pasea por ciudades, emociones y diversos registros poéticos en una especie de viaje metafísico que va trazando una cartografía no sólo de su alma, sino también del mundo contemporáneo. Desde Santo Domingo que parece echarse a navegar o Chicago que se hunde poco a poco en la nieve, Báez nos envía sus postales en forma de poemas. Postales nos cautiva, nos hace reír, reflexionar y llorar. Para la presentación de la primera edición de este libro en Costa Rica, el poeta Felipe Granados escribió: "Hay libros que los lees y te invitan a hacer tu propia versión, hay libros que los abrís en cualquier página y te obligar a leerte para adentro. Hay otros, como estas Postales, con los que sólo se puede hacer un reverencial silencio, un silencio solidario, un silencio del que mira a un amigo llorar o morirse. Postales que se envían desde la patria siempre triste del que está sólo".

Frank Báez (Santo Domingo, República Dominicana, 1978). Ha publicado el libro de poesía Jarrón y otros poemas (Editorial Betania, Madrid, 2004) y el libro de cuentos Págales tú a los psicoanalistas (Editorial Ferilibro, Santo Domingo, 2007) con el que ganó el premio de cuentos de la Feria del Libro de Santo Domingo de 2006. Sus poemas han aparecido en diversas antologías; la más reciente es Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Editorial PreTextos, 2010). Junto a Homero Pumarol fundó y conforma la banda de spoken word "El Hombrecito" que en el 2009 editó un disco titulado "Llegó el hombrecito".
Es editor de la revista virtual de poesía Ping Pong: http://www.revistapingpong.org/
Su blog: http://www.frankinvita.blogspot.com/





Luis Beiro sobre Postales

¨Me gusta este libro porque sabe reinventar. Se nos mete en la piel y nos revuelve la reprimida inconsecuencia en favor de la lectura. Sin poses, ni florilegios ni edulcorantes: aquí hay una voz demasiado cercana al mundo que vivimos que no teme desvestirse ni desvestirlo...Sus versos son cultos y sabios. Saben provocar, destapan emociones encontradas y sacan a la luz los desfasajes conceptuales que tenemos sobre lo que debe ser y no debe ser la poesía...¨

sábado, 26 de noviembre de 2011

Los Alipios



Los alipios son los alipios
vagan, olfatean, cacan, se perfuman, se desperfuman,
viven tanto en el subsuelo como en la superficie
viven en los prados, cachazas, matas de pelo
y apartamentos que dan al mar
bajo extremas temperaturas no dicen ni jí
se intercambian a la luz de la bombilla
o del relámpago
criando alas en la hondura del sobaco
duermen de espaldas y conocen la mutación
de la mariposa y les da miedo el cuerpo quieto
los alipios se ovillan
y de uno a otro se confunden tartamudos de amor.
Tocándose ascienden los alipios levitados por el cielo
en el filo del colmillo desvanecen la risa
algunos devienen en ninguno triturados por la duda
el olor de cuando nacen da ganas de llorar
crecen a setenta respiraciones por minuto
azorados en las trampas de su propia mortalidad
Les intriga la presencia del huevo y los trabajos del huevo
sólo la mirada o el tacto macho o hembra los confirman
alipios sin plumas en agua de encierro y calentura
atraídos por las fiebres del hueso
en la cáscara se asoman al amarillo de la luz
Multiplicándose en parejas sumándose entregados al abrazo
espasmódicos, áfonos, parduscos,
sordos a la pata de cacata de la muerte inmortal
Los alipios se besan en la costilla o la cutícula
no más largos que la uña crecida cuando quieren
apretados arruga contra arruga en las noches
en que nombran el fuego
un alipio da a luz a medio alipio

©Luis Manuel Ledesma
(Esperanza, Mao, 16 de Junio de 1949), 


CANCIÓN DE LA BUENA MUERTE

El amarillo viejo de otoño abunda en octubre
Fluye del árbol humedad como un sudor secreto
En las caras el tiempo cava y dura
También el río parece más tranquillo
con la caída a golpe de frío de la hoja
Se preparan las nieves en hondos charcos de nada
No necesito ver la rosa para saber que crece
Belleza quieta
Dice el verde su última canción al resplandor
Se ora ante flecos de hielo
El blanco tiza duele meses
Cambiando el color para siempre a lo mismo
Del recuerdo de un círculo óseo
Suda la claridad sin contratiempos
El amor desecha ya la fuerza por la fortaleza
De la palabra ninguno salga a oscuras
Cumplido el trabajo de la mano
Se haga llama el silencio de estar quieto
Por la boca entreabierta salen números
A devorar la unidad
Paso a los días despojados del nombre
Se ve a través de la mañana un espacio
y la respiración que va y viene en él
Hambriento como un imán sin hambre
Busco el estado de tranquilidad
Adiestro el sentido en brinco de tormenta
Atento al mutar de una idea en su sonido
Voz no dicha chupada por la vibración
Al flujo constante de saber la rosa
A la buena muerte doy el largo del hueso
Quiero entregar un alma con poco ruido
Inmune al celaje del muslo brotando
Con un poco de suerte me le vaya la muerte
Adiós palabras
Chispa de fogón va sabiendo el corazón su fuerza
Subido a pelo sobre el corazón
Una flor nace a la huida del frío

©Luis Manuel Ledesma

CÍRCULO MUERTO

Círculo sin música
da contra la roca
voz al borde de nada
cielo y tierra juntos
en vigilias del ojo
noche comienza ruta en sí
claridad sin olvido
mudas en mudanza
veloces carabelas
día de invierno mirado
en premoniciones de blanco
vagabundeo tornadizo
de principio a fin
lenta ya la rosa vista
se precipita una muerte
sueña un hueco el espacio
escondedero de lunas
ala ceniza transparente
quema un calor recién despierto
por la memoria aceza
un temblor hecho y derecho.



©Luis Manuel Ledesma

PARÍS, 1976

Tu cuerpo una flauta que se hubiera callado
En la sombra donde lo agarra el otoño
Aquí en Sarselle
La gris estación que le humedece el alma y la nariz
Al fondo de un amordazado temblor
Cuerpo desnudo a 5 kilómetros de París
Perdido en sus vestidos a los ojos del forastero









CANCIÓN A LA HERMANA BlEN AMADA

Tú eres la flor
el día que sale de tu frente
cruzada de amarillos,
la mazorca de maíz ante las brisas
que bajan de Loma de Damajagua
a tu cara que ama mi ojo hambriento
Por ti son otros los campos paridos
que siguen tu silencio que enamora
Y otra vez la flor tú
pero ahora abierta y detenida
en el miedo de no ser nunca en tu abrazo
El sol no es sol si no te veo
Si no te busca de mañana la mirada acorazada de imanes
de perseguir tu rostro
de quietudes que tiemblan
Si no es ése el de tu cabeza echada atrás el amor ya no sé.
Persigo tu boca de inviolada palabra
De tu pie me aprendo los caminos
A la sombra de tu sombra despierto
mi sombra a que te sueñe.
Pensándote cruzan caballos y peces
La herida espiga por donde no estuvíste
Se oyen llorar arroyos ya tardíos
y se aleja la muerte
Hechizada la mirada huye a vivir en tu cuerpo.
Como toda la fiebre
Como muda revelación te nombro
Como un ala exorcizada en tus paciencias se
abate el amor.
Me apresuro a tu paso
Así sea mía la caída en el tropiezo.
La hoja no tiembla más que yo,
En la tormenta la hoja no tiembla más que yo,
Asolada en desesperaciones
ciega se queda mi ceguera,
de plenitudes pensada luz, engendra.
Inhabitado de ti desesperan los días.
©Luis Manuel Ledesma


viernes, 25 de noviembre de 2011

Torbellino



Acrecienta delirante
                   la locura
sumérgete en el torbellino
pinta flores malvas en mis pechos
entreteje las manos en tus manos
vacía el fuego en mi caldera
siembra arroz en las anclas
                       de mi parcela
bebe los surcos de mi recuerdo
atesora de risa los sueños
detente en los misteriosos fondos secretos
juega a las trenzas con mi pelo
borda las fantasías que te entrego
móntame como jinete
cabalgando el viento
invéntame la vida
                ponle color amarillo
llena de girasoles mi templo
y después, haz que el azul
                               del cielo
acompañe mis silencios.

Disfruta mi celo
posa tus ojos en los pulsos agitados
de esta mirada que busca el sendero.

Anda
sé viajero en el tiempo
trae caricias desde lejos
y riégalas cerca
donde pueda alcanzarlas.

Canta
las canciones de entonces
esas melodías del ayer
hazlas nuevas para mí
el reloj lo va a entender.

Dormida
encuéntrame desnuda
despiértame temprano
antes de los rizos coloridos
                             del amanecer
cuelga invisible mi corazón 
niega a todos que existo
seamos cómplices secretos
de la ruta cósmica
chisme de dioses
que nos convierten en amantes.


©Ana Rita Guzman Ceballos



En el fondo de los Milagros



En los misteriosos cercos de la vida
el mar y otros abismos
crean pasos de lejanía.

La distancia no impide
liberar el espíritu del placer solitario
desmenuzar los deseos.

Fuera de control
olvido la vieja dicotomía entre el ser
y el deber ser
niego cuestiones de hechos y valor
rompo el haz de normas
que dominan mi territorio
desconozco mis febriles competencias
con el vértigo a cuesta
mas allá del vientre
las manos ensayan cercanía
y se detienen en el fondo de los milagros
donde tu recuerdo se convierte en rocío.

El historial de tus besos
festina el ambiente
sumergida en lienzo de musgo verde
aparece el olor a cedro
el cuarto se viste de rosas
y suenan violines por todas partes
ávida
convertida en fugitiva de los bravíos
bordes de la vida
deliro en la brevedad
por donde escapa la agonía
y florecen amapolas encendidas.

Culminados los vínculos intencionales
de la irracionalidad
retorno al silencio.
Sin importar el lugar o compañía
el murmurar de este gozo mensajero
que no se parece a ningún otro,
producirá en ti un rubor de besos
y sin saber por qué
sentirás el cielo más infinito
que nunca
y el sollozo de un fino
agujero de soledad.

©Ana Rita Guzman Ceballo

lunes, 14 de noviembre de 2011

La Literatura en la Republica Dominicana desde el siglo XIX



...y los escritores mas destacados.

Literatura de la República Dominicana hace referencia a las manifestaciones literarias producidas en el territorio del país o fuera de él por dominicanos. Aunque sólo puede hablarse con rigor de literatura dominicana tras la independencia del país, se acostumbra incluir la producción literaria de la época colonial.
Historia de la Literatura Dominicana:

Difícilmente antes del siglo XIX se podría hablar de textos fuera del casillero de la literatura colonial. Los primeros autores nacionales, entonces, contarían entre sus filas a José Núñez de Cáceres, Juan Pablo Duarte, Nicolás Ureña de Mendoza, que serían los que rondan el año 1844, el de la proclamación de la República Dominicana. Luego vendrían José Joaquín Pérez, Manuel de Jesús Galván, Nicolás Ureña de Mendoza y su hija Salomé Ureña.

Como antecedente, el primer texto literario escrito en la isla, que se recuerda, es el Diario de navegación del genovés Cristóbal Colón, en el que el almirante describe el paisaje y los pobladores de América. A partir de esa obra se sucederán otras en diversos géneros y en distintos momentos de su evolución histórica. Cristóbal de Llerena escribe el entremés Octava de Corpus Christi y, durante la etapa colonial, Leonor de Ovando escribe algunos sonetos, por lo que se le considera la primera mujer en escribir poesía de este lado del mundo.

La poesía, la novela, el cuento, el ensayo y la historia han expresado el discurrir político, social y económico del país que desde la hazaña del descubrimiento se ha impregnado de múltiples corrientes de pensamiento, sobre todo europeas y estadounidenses inicialmente, y del lejano oriente en las producciones de algunos escritores de finales del siglo XX. La poesía ha tenido exponentes prominentes. El siglo XIX fue uno de los que más robusteció el género, aunque el XX fue todavía más prolífico y significó la evolución hacia su madurez, con el surgimiento de las vanguardias.

Aunque se desarrolló tardíamente, la novela ha tenido y tiene exponentes importantes en el país, aunque su desarrollo no ha escalado como las otras manifestaciones literarias. Surgió bajo la influencia del romanticismo francés de Víctor Hugo y acusa tres momentos importantes de acuerdo a su tipología y temática: la “novela de la caña”, la “novela bíblica” y “novelas costumbristas”.

El cuento ha tenido más trascendencia que la novela. El aporte de Juan Bosch, maestro del género en Hispanoamérica, ha sido fundamental. El escritor y político escribió tres significativas colecciones de cuentos tituladas Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. El cuento moderno se inicia en la segunda fase del siglo XIX, es decir, tardíamente, a juzgar por otros países.
Durante décadas, los intelectuales dominicanos han tenido en el ensayo un escenario que han ampliado y desarrollado con talento. Destacan los ensayos políticos de los independentistas, los conservadores y los restauradores. Uno de sus mejores exponentes en la arena internacional fue don Pedro Henríquez Ureña. La pasión local por los temas históricos, sobre todos los que abordan el tema de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo y otros episodios políticos trascendentales, ha influido en el desarrollo de historiadores de fuste en diferentes épocas de la República.
Poesía:
Según el escritor Basilio Belliard, el momento más espléndido de la poesía dominicana del siglo XIX es el que conforman Salomé Ureña, José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne, tres pilares donde descansa la modernidad de nuestra poesía de la época en sus vertientes patriótica, indigenista y psicológica. Pero no es sino en el siglo XX cuando nuestra poesía alcanza la categoría de moderna, con el surgimiento de las vanguardias.

La poesía es el género más cultivado desde Manuel María Valencia, el primer poeta romántico, pasando por Fabio Fiallo y otros que asimilan las influencias de las corrientes literarias europeas, hasta la irrupción incipiente del modernismo en tres figuras importantes como Valentín Giró, Ricardo Pérez Alfonseca y Osvaldo Bazil, cuyas influencias de Darío languidecen con la aparición del postumismo, hacia 1921. Tal es el caso de Otilio Vigil Díaz, el introductor de las vanguardias en las letras dominicanas, y gran renovador de nuestra lírica, influido por el simbolismo francés. Así, funda el primer movimiento poético de carácter unipersonal, aque se le sumó Zacarías Espinal y al que denominó vedrinismo, llamado así porque en sus versos intentaba hacer las piruetas que hacía en el aire un aviador francés de nombre Jules Vedrines.

Vigil Díaz introduce la modernidad al crear el verso libre y el poema en prosa con sus libros Góndolas (1912) y Galeras de Pafos (1921). Después de él, la poesía dominicana vive otro gran momento representado por Domingo Moreno Jimenes, al fundar, junto al filósofo Andrés Avelino y al poeta Rafael Augusto Zorrilla, el postumismo, en 1921. Redactan un manifiesto en el que niegan las vanguardias y favorecen una poesía de carácter nacionalista que rescate el color local, el paisaje y la identidad del hombre dominicano. Con el postumismo la tradición poética dominicana se renueva y sacude para incubar nuevas voces que la fortalecen. A este movimiento le sigue la Poesía Sorprendida, el grupo más pujante y de una gran apertura estética, conformado por grandes poetas como Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce, entre otros. Este conjunto de poetas tenía como lema la “poesía con el hombre universal”, contrario al postumismo.

Después le sigue la generación de los Independientes del 40, integrada por Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir y Tomás Hernández Franco, los cuales publicaron poemas emblemáticos como Compadre Mon, Hay un país en el mundo, Poema de una sola angustia y Yelidá. De los Sorprendidos se desprende otro grupo de poetas antitrujillistas llamados la Generación del 48, conformada, entre otros, por Víctor Villegas, Máximo Avilés Blonda, Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Rafael Valera Benítez, Abelardo Vicioso, etc. En los años sesenta, a raíz de la caída del régimen de Trujillo, surgen los escritores de la Generación del Sesenta con Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, René del Risco, Jeannette Miller y Miguel Alfonseca.

En la misma década, y como consecuencia de la Guerra de abril del 65, surge el movimiento llamado Poetas de Postguerra (o Joven Poesía), con Mateo Morrison, Andrés L. Mateo, Enriquillo Sánchez, Tony Raful, Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio y Soledad Álvarez, entre otros.
En los años ochenta aparece un movimiento poético que funda una ruptura con aquella generación al desentenderse de lo ideológico y de la circunstancia histórica, creando una poesía del pensamiento y la reflexión sobre otros temas: no ya lo social, sino lo filosófico, la muerte y lo erótico. Entre esos poetas están Leandro Morales, José Mármol, Plinio Chahín,[[ Dionisio de Jesús]], Médar Serrata, Víctor Bidó, José Alejandro Peña, etc. Cabe destacar poetas de transición de finales de los años setenta y principios de los ochenta, como José Enrique García, autor del libro El fabulador y Cayo Claudio Espinal creador del Movimiento Contexualista y autor de los libros Utopía de los vínculos, Banquetes de aflicción, Comedio (entre gravedad y risa), Las políticas culturales en la República Dominicana, La mampara y Clave de estambre. También de transición, aparece en 1993 Preeminencia del tiempo, de Leopoldo Minaya, tal vez la obra poética fundamental de la última década del siglo XX, caracterizada por un sincretismo estético y estilístico que integra el canon clásico a las diversas escuelas de vanguardia, revelando una angustia existencial que remonta a las esencias mismas del espíritu humano.
Novela:
La primera novela escrita por un dominicano fue El montero (1856, publicada en París), de Pedro Francisco Bonó. Luego le siguió La fantasma de Higuey (1857, publicada en La Habana) de Francisco Angulo Guridi, aunque algunos historiadores de la literatura dicen que la primera novela dominicana es Los amores de los indios (1843, publicada en La Habana) de Angulo Guridi. La novela dominicana no ha tenido la pujanza que han tenido otros géneros como la poesía, el ensayo y el cuento, a pesar del Enriquillo (1879) de Manuel de Jesús Galván, que es la gran novela indigenista del Nuevo Mundo.

La novela es un género tardío en la República Dominicana. Surge bajo la influencia del romanticismo francés de Víctor Hugo. Como se ve, la historia de la literatura dominicana es la historia de la poesía o, más bien, de generaciones poéticas. Un gran hito de la novelística dominicana lo constituye la novela Sólo cenizas hallarás (bolero) de Pedro Vergés, con la que obtuvo los premios Blasco Ibáñez y el de la crítica en España en 1980.La novela dominicana acusa tres momentos importantes de acuerdo a su tipología y temática: la “novela de la caña”, representada por Cañas y bueyes de Moscoso Puello, Over de Marrero Aristy y Jenjibre de Pérez Alfonseca. Luego la “novela bíblica” de Carlos Esteban Deive, Veloz Maggiolo y Ramón Emilio Reyes y la “novela propagandística” como Los enemigos de la tierra de Requena, Trementina, clerén y bongó y “novelas costumbristas” como La cacica de Rafael Damirón, Baní o Engracia y Antoñica de F. Gregorio Billini, La mañosa de Juan Bosch y la triología de García Godoy, compuesta por Rufinito, Guanuma y Alma dominicana.

Dentro de los novelistas más consagrados y de mayor proyección internacional en el momento actual se encuentra Marcio Veloz Maggiolo, autor de una decena de novelas, versátil escritor, pues ha cultivado el cuento, el ensayo histórico-arqueológico, el teatro y la novela. Junto a Aída Cartagena Portalatín funda la novela experimental, el primero con Los ángeles de hueso (1967) y la segunda con Escalera para Electra (1970). No obstante esa realidad, muchos críticos literarios afirman que la gran novela dominicana aún no se ha escrito, a pesar de la existencia de novelas como La sangre de Tulio Manuel Cestero, Over de Ramón Marrero Aristy, La mañosa de Bosch, Biografía difusa de Sombra Castañeda de Veloz Maggiolo o La balada de Alfonsina Bairán de Andrés L. Mateo.
Cuento:
El cuento es un género que ha tenido mejor suerte que la novela, pues tenemos el privilegio de contar con un maestro del género en Hispanoamérica como lo es Juan Bosch, quien escribió tres significativas colecciones de cuentos tituladas Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. El cuento moderno se inicia en la segunda fase del siglo XIX, es decir, tardíamente, a juzgar por otros países. El primer cuento breve que se conoce es El garito (1854) de Ángulo Guridi.
Las primeras leyendas y relatos de tradición oral que llegan a la isla provienen de los conquistadores, a través de sus intelectuales y religiosos que las esparcen por todo el territorio nacional. En el siglo XIX las primeras narraciones son de corte costumbristas, y la principal figura de esta tendencia es César Nicolás Penson, autor de Cosas añejas. Ya en el siglo XX tenemos la figura de Fabio Fiallo, quien escribe cuentos modernistas influidos por su amigo Rubén Darío con Cuentos frágiles (1908), así como Tulio Manuel Cestero y Virginia Elena Ortea.
Otros importantes exponentes del género son José Ramón Lopez, René del Risco, Virgilio Díaz Grullón, Hilma Contreras, Sanz Lajara, José Rijo, Diógenes Valdez, Pedro Peix, entre otros. Desde la temática costumbrista y socio-realista de Bosch, Sócrates Nolasco, Néstor Caro y Marrero Aristy, hasta la vertiente psicológica de Díaz Grullón y la temática urbana de del Risco o la fantástica de Peix, el cuento ha experimentado una variedad de facetas que lo hacen ser un género de una riqueza expresiva, temática y técnica encomiable. En los años ochenta se destacan René Rodríguez Soriano, Ángela Hernández, Rafael García Romero, Pedro Camilo, Avelino Stanley, Ramón Tejada Holguín, César Zapata, Manuel García Cartagena y en los años noventa, Pedro Antonio Valdez, Pastor de Moya, José Acosta, Luis Martín Gómez, entre otros.
Ensayo:
El ensayo sobre todo el historico. ENSAYO. Escrito en prosa sobre un tema específico sin pretensiones científicas ni conclusión definitiva. El término ensayo fue usado originalmente para designar aquellos escritos experimentales que oscilaban entre la ciencia y la literatura.

Pero esa concepción ha ido cambiando paulatinamente, al extremo de que en la actualidad se le da categoría de ensayo a aquellos textos que mediante la exposición, la discusión y la evaluación de un tema detergí-nado pretende validar la tesis expuesta en el mismo. El iniciador del género fue el francés Miguel de Montaigne (1533-1592), quien en 1580 publicó una serie de escritos sobre sus confesiones personales titulado Essais (Ensayos). Posteriormente, en 1597, el inglés Francisco Bacon (1561-1626) dio a la publicidad su obra Ensayos, meditaciones religiosas, tópicos de persuasión y de discusión. Entre otros propulsores europeos del ensayo sobresalen: Joseph Addison (1672-1719), Gaddhold Lessing (1729-1781), Johann Goethe (1749-1832), Tomás Carlyle (1795-1881), Tomás Macaulay (1800-1859), Hipólito Taine (1828-1893), Paul Valery (1871-1945), Thomas Mann (1875-1955) y Gyorgy Lukacs (1885-1971).

En España, donde el ensayo toma verdadero cuerpo en el siglo XIX, han ganado fama como ensayistas Angel Ganivet (1865-1898), Miguel de Unamuno (1864-1936), José Ortega y Gasset (1883-1955) y Amé-rico Castro (1885-1972). Hispanoamérica, por su parte, ha dado figuras de la talla de Juan Montalvo (1833-1889), José Martí (1853-1895), José Vasconcelos (1881-1959), Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), José Carlos Mariátegui (1895-1930), Octavio Paz (1914-1998) y Roberto Fernández Retamar (1930). En República Dominicana, como en casi todo el que resto de América Latina, el ensayo surge formalmente en la segunda mitad del siglo XIX y adquiere notoriedad en el XX. Su orientación ha sido tradicionalmente histórica, política, sociológica y literaria.

Es difícil fijar el punto de partida del ensayo dominicano, pues antes de que dicho género alcanzara cierto nivel de madurez en el país, hubo un grupo considerable de escritores que expresaron sus inquietudes políticas, sociales y literarias a través de la prosa ensayística. Los ideales revolucionarios de los independentistas y los restauradores, así como el arribismo y el antinacionalismo de los intelectuales conservadores dominicanos de la segunda mitad del siglo XIX predominan en los escritos periodísticos de los más valiosos representantes de la primera oleada de ensayistas nacionales.

Los artículos de Alejandro Angulo Guridi (1816-1884), particularmente los publicados en los semanarios El Orden, La Re-pública, La Reforma y El Progreso y reunidos posteriormente en su obra Temas políticos (1891), reflejan el nivel de desajuste político de la sociedad dominicana de su época. Aunque menos profundo que Guridi en el análisis de temas políticos, pero más hábil que muchos de sus coetáneos en la percepción de las costumbres y los males sociales locales, Ulises Francisco Espaillat (1823-1878) motivó a muchos de sus acólitos a cultivar la prosa periodística. Labrados con un estilo fluido y ameno, pero de ingrato recuerdo para el pueblo dominicano por su contenido alienante y pesimista, fueron los editoriales anexionistas del periódico La Razón firmados por Manuel de Jesús Galván (1834-1910) los cuales fueron complementados años después con su defensa a Pedro Santana divulgada en los semanarios Oasis y Eco de la Opinión. Otra figura importante en esa etapa embrionaria de la ensayística nacional fue Manuel de Jesús Peña y Reynoso (1834-1915), autor de ensayos sobre la novela Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván y Fantasías indígenas, de José Joaquín Pérez.

Pero el más notable ensayista literario dominicano del siglo XIX y de las dos primeras décadas del XX fue Federico García Godoy, quien inició su labor crítica en 1882 en el periódico El Porvenir extendiéndose hasta el momento de su muerte, ocurrida en 1924.

Sus opiniones fueron difundidas en importantes revistas y periódicos nacionales y extranjeros y en sus obras Perfiles y relieves (1907), La hora que pasa (1910), Páginas efímeras (1912), El derrumbe, 1916 y Americanismo literario (1918). José Ramón López (1866-1922), aferrado originalmente a la propuesta gastronómica que asocia el triunfo de los pueblos al tipo de alimentación de sus habitantes, figura entre los primeros de un connotado número de intelectuales nacionales que como Américo Lugo (El Estado dominicano ante el derecho público, 1916 y El nacionalismo dominicano, 1923), Francisco Moscoso Puello (Cartas a Evelina, 1941), Manuel Arturo Peña Batlle (La isla de la Tortuga), Juan Isidro Jimenes Grullón (La República Dominicana,: una ficción, 1965), Joaquín Balaguer (La isla al revés, 1983) y Juan Bosch (El pentagonismo, sustituto del imperialismo, 1963 y David, biografía de un rey, 1968), se disputaron las diversas corrientes ideológicas de la ensayística isleña. De ellos, Peña Batlle, Moscoso Puello y Balaguer, supeditaron su producción a la corriente denominada pesimismo dominicano, la cual partía de la creencia conservadora de que la República Dominicana era incapaz de desarrollarse por sí misma. Otros, en cambio, como Juan Isidro Jimenes Grullón y Juan Bosch se apoyaron en el discurso sociológico e histórico para revisar muchos y rectificar muchos de los planteamientos de sus predecesores inmediatos.

Actualmente en los ensayistas dominicanos de temas históricos y sociológicos prima el interés por deslindar el concepto de nacionalidad, los conflictos raciales y la función social de los intelectuales locales. Los ensayos de Manuel Núñez (El ocaso de la nación dominicana, 1990), Andrés L. Mateo (Mito y cultura en la era de Trujillo, 1993), José Rafael Lantigua (La conjura del tiempo, 1994) y Federico Henríquez Gratereaux (Un ciclón en una botella, 1996) son ejemplos notables de dicha tendencia. Otros, como Miguel Guerrero (Los últimos días de la era de Trujillo, 1995, La ira del tirano, 1996 y Trujillo y los héroes de junio, 1996) y MuKien Adriana Sang (Ulises Heureaux: biografía de un dictador, 1987, Buenaventura Báez, el caudillo del Sur, 1991 y Una utopía inconclusa: Espaillat y el liberalismo dominicano del siglo XIX, 1997) han encontrado en el pasado histórico la vía idónea para revisar muchos capítulos nebulosos de la historia nacional, especialmente los relacionados con el papel jugado por varios de los dictadores dominicanos.

Desde inicio del siglo XX, el ensayo literario comienza a ganar terreno. Surgen, entonces, las voces de Pedro Henríquez Ureña (Ensayos críticos, 1905, Seis ensayos en busca de nuestra expresión, 1927, Literary Currents en Hispanic América, 1946), Max Henríquez Ureña (Breve historia del modernismo, 1964), Camila Henríquez Ureña (Apreciación literaria, 1964) y Antonio Fernández Spencer (Ensayos literarios, 1960) quienes asumen, por primera vez en la historia de las letras dominicanas, el análisis y la crítica literarias con objetividad científica.

Exceptuando a Bruno Rosario Candelier (Lo culto y lo popular en la poesía dominicana, 1979, La imaginación insular, 1984 y La creación mitopoética, 1989), Diógenes Céspedes (Seis ensayos sobre poética latinoamericana, 1983, Estudios sobre literatura, política Lenguaje y poesía en Santo domingo en el siglo XX, 1985, Política de la teoría del lenguaje y la poesía en América Latina en el siglo XX, 1995), José Alcántara Almánzar (Estudios de poesía dominicana, 1979), Daisy Cocco De Filippis (Estudios semióticos de poesía dominicana, 1984) y Manuel Matos Moquete (El discurso teórico en literatura en América Hispánica, 1983 y En la espiral de los tiempos, 1998), la más reciente promoción de ensayistas literarios nacionales, entre ellos: Manuel Mora Serrano, Miguel Angel Fornerín, José Enrique García, etc. han desarrollado una invaluable labor en la prensa nacional como articulistas, reseñadores de libros y cronistas literarios.
Historia:
La historia, como género literario ha tenido grandes exponentes en nuestro país, desde los grandes fundadores de la historiografía dominicana como José Gabriel García, Manuel del Monte y Tejada y Bernardo Pichardo, hasta la hegemonía de los representantes de dos tendencias antagónicas desde el punto de vista ideológico, tal es el caso de Roberto Cassá y Frank Moya Pons. Importantes historiadores desde la era de Trujillo, además de éstos, son Emilio Cordero Michel, Jaime de Jesús Domínguez, Franklin Franco Pichardo, Juan Daniel Balcácer y Bernardo Vega.

El tema de Trujillo es el que despierta más interés y curiosidad, de ahí que Vega sea uno de los más leídos por su historia documental, así como aquellos historiadores que tratan los temas de la Iglesia Católica y la era de Trujillo. Los temas de la independencia, las intervenciones estadounidenses, la etapa colonial y precolombina han sido abordados de manera acuciosa por nuestros historiadores con diferentes enfoques y métodos de análisis. La Composición Social Dominicana del profesor Juan Bosch es un referente obligado como punto de partida sociológico para analizar la estructura social de la RD desde el punto de vista histórico, así como la Sociología Política Dominicana de Jimenes Grullón.
Algunos autores dominicanos (en orden alfabético):
• Américo Lugo
• Apolinar Perdomo
• Tulio Manuel Cestero
• José Alcántara Almánzar
• Julia Álvarez
• Paul Alvarez
• Frank Báez
• Ángel Berroa
• Máximo Avilés Blonda
• Juan Bosch
• Manuel del Cabral
• Tomás Castro
• Aída Cartagena Portalatín
• Diógenes Céspedes
• Plinio Chahín
• Hilma Contreras
• León David
• Gastón Fernando Deligne
• Virgilio Díaz Grullón
• Cayo Claudio Espinal
• Fabio Fiallo
• Antonio Fernández Spenser
• Manuel de Jesús Galván
• Freddy Gatón Arce
• Federico Henríquez Grateraux
• Pedro Henríquez Ureña
• Rita Indiana Hernández
• Dionisio de Jesús
• Mariano Lebrón Saviñón
• Ramon Marrero Aristy
• Andrés L. Mateo
• Miguel D. Mena
• Juan Carlos Mieses
• Franklin Mieses Burgos
• Jeannette Miller
• Leopoldo Minaya
• Pedro Mir
• Mateo Morrison
• Pedro Peix
• José Alejandro Peña
• Franklin Franco Pichardo
• René del Risco Bermúdez
• Marta Rivera
• Manuel Rueda
• Enriquillo Sánchez
• Robin Santana
• Haffe Serulle
• Salomé Ureña
• Pedro Antonio Valdez
• Marcio Veloz Maggiolo
 http://www.negociosdominicanos.com/arte-y-cultura/literatura-dominicana

domingo, 6 de noviembre de 2011

José Alejandro Peña


José Alejandro Peña

Poeta, editor y animador cultural dominicano

Biografía y obra

Nació el 9 de julio de 1964 en Santo Domingo (Republica Dominicana), y desde 1995 reside en los Estados Unidos, donde actualmente dirije la revista bilingüe de poesía (y editorial) El Salvaje Refinado, que él mismo fundó. También es fundador de Obsidiana Press, una editorial alternativa que publica a escritores hispanos.
En 1986 ganó el Premio Nacional de Poesía de la República Dominicana, con su libro El Soñado Desquite (Colección Orfeo, Biblioteca Nacional), que se convirtió en una consigna para los jóvenes poetas de su país. En 1989 escribió Pasar de Sombra, que es considerado su libro más representativo junto con su primer libro Iniciación final, publicado en Santo Domingo en 1984.
Ha publicado los poemarios: Iniciación final (1984), Pasar de sombra (1989), Estoy frente a ti, niña terrible (1994), Blasfemias de la flauta (edición bilingüe de Essential Icon Press, Nebraska, 1999), Tomorrow, the Paradise (versión inglesa, XLibris Corporation, Pennsylvania, 2001), Mañana, el Paraíso (Ediciones El Salvaje Refinado, Estados Unidos, 2002), El fantasma de Broadway Street y otros poemas (Ediciones El Salvaje Refinado, Estados Unidos, 2003), La vigilia de todas las islas (2004), y Suicidio en el país de las magnolias (2008).
Se le ha vinculado a los más grandes poetas universales a raíz de la publicación de su libro "Suicidio en el país de las magnolias", un libro en el que su lenguaje se ensancha y define desde varios puntos vitalicios que dan forma a una poesía de corte existencialista, con demarcación barroca, hermética o surrealista. Sin embargo el mismo autor ha dicho que su poesía "participa de una tradición elementalmente expresiva, donde lo que importa es el juego de la imaginación, y no otra cosa." También ha dicho que "la vida es lo que me interesa. En cada poema me interesa expresar la vida, extender cada instante de la vida, por lo menos diez o veinte siglos".
Ha traducido poemas de Wallace Stevens, Mark Strand, Ives Bonnefoy, Emily Dickinson, Allen Ginsberg y otros.
Pertenece a la llamada Generación de los 80 en su país. Se dice que su estilo es limpio y profundo, con asombrosa imaginación, y tono íntimo. Pese a su aceptación entre la juventud y los intelectuales, ha sido el poeta más censurado de todos los tiempos por los pequeños clanes y grupos de poder del Estado en la República Dominicana.
Como pintor, ha realizado numerosas exposiciones colectivas tanto en la República Dominicana como en el extranjero.
Actualmente está dedicado a la cinematografía. Ha realizado dos películas "Daydreamer" (2010) y "The man with a black hat" (2010).
Blasfemias de la flauta (edición bilingüe de Essential Icon Press, Nebraska, 1999), Tomorrow, the Paradise (versión inglesa, XLibris Corporation, Pennsylvania, 2001), Mañana, el Paraíso (Ediciones El Salvaje Refinado, Estados Unidos, 2002), El fantasma de Broadway Street y otros poemas (Ediciones El Salvaje Refinado, Estados Unidos, 2003), La vigilia de todas las islas (2004), y Suicidio en el país de las magnolias (2008).



Del libro Iniciación Final (Santo Domingo, 1984).

DILACIÓN

En un ojo de caballo se quemaban mis nervios.
En un latir de estatua iba la noche sola
el mar se había dormido en su nido de algas
y tú poesía flauta ebria de mis furias nacientes
remolino y muralla
cielo y sombra por la voz manando
torrente dilatado
fija proclama de abandono y rechazo
¿dónde
en qué silueta de árbol se esfumaron
la verdad
el misterio
la alegría...
las aves que se juntan para morir un poco
bajo la luz del polvo de tus huellas?


SUMA DEL ECO

Por la quebrada muralla del
murmullo y la suma del eco
de la flor blanca
por la luz en zozobra y el desliz
de la causa olvidada
por el retraimiento de la palabra “soplo”
se ha desligado el hielo de su fiero
ademán púrpura.

El que sólo se posee a sí mismo
al desierto sin cactus llama “reino”
y es la luna su amparo
y el cielo su pisada.

Del libro "El Soñado Desquite" (1986)

EL BUSCADOR DE TESOROS

¿Eres tú el buscador de tesoros que duerme
en la espiral de una angustia que se olvida
en la noche?
No, le digo. Soy un grano de sol partido por la ola.
Y se arrincona en el ángulo del codo la nostalgia
o la lluvia.
¿Qué es eso que se adhiere al aire como una
flor de polvo?
¿Qué es el hombre sino una constancia sucesiva
de la nada que vierte y que lo vierte,
sustituto de su propio caminar?
Tú, que buscas en ti mismo,
¿qué ves? ¿qué has encontrado en ti
más duradero que tu propio vacío?
Huye de todo lugar, busca refugio
en la intemperie más abierta,
en la distancia impensada,
allí donde una palabra se renueva,
donde se forja tu camino,
donde todo regreso es nirvana.

POETIC ART

Las palabras no tienen sino un desgarramiento voluminoso,
un mustio jardín de horas y de orejas recomidas por el musgo,
el poema no se escribe sino con sangre
y la sangre es un olvido tenue de la lluvia.
Los lugares se arrastran por el viento.
El poema tenido como un espejismo, brilla
o quema sin sentido. Se tachan, se rehacen
las partes inhallables.
Las palabras olvidan lo que dicen,
su único pasado es el silencio.
Sólo falta que yo también me olvide
o me recuerde, que todos recordemos
las cosas que no estaban.

PULSO Y MEDIDA

La lluvia hace girar la sed: es un molino.
Se distancia la muerte inundada de pájaros.
El fuego es todavía muy niño para extinguirse.
El aire cuelga de las dos menos alba
como una estatua que olvida su peinado
en lo frío del suelo
en lo duro del pulso al dibujar las sombras
que me forjan la lluvia
o la ventana que huye aterrada
por todo el bosque
como si alguna voz lanzara sus cristales al vacío
y sólo se tuviera como propio
la ciudad con su torre de clavos y guirnaldas
o el cordón de un zapato y la conciencia.

Del libro PASAR DE SOMBRA (1989)

POR UNA ANGUSTIA BREVE

Por una breve angustia de ola o de violín
se pierde la ciudad bajo los sueños
y se pierden los sueños bajo la
tierra muerta.
¿Qué sino el viento esparce el frío de las piedras y la sed del Viajero?
¿Qué desnudez revestirá mi cuerpo?
Hay un temblor quemado entre las ramas tiernas
cortando en dos el cuerpo de un caballo débil
fluvial como las matemáticas
sonoro
y desatento.

CIUDADELA DEL NÁUFRAGO

Ya no serían para siempre blancas las
nubes que despinta El Greco
en los chalecos viudos
que van cruzando ahora
la verdinegra ciudadela del náufrago
pero hay demasiadas huellas digitales
en tus cabellos
y pegotes de baba en tu cuello mordido
desde lejos.
Mis sueños no serían para siempre
nubes guardadas en los barcos piratas
que arrancamos de las alas de los cuervos
reambulantes
si no fuera porque ha ido de afuera
hacia dentro lo insoñable del mundo
y dos o tres palabras afiladas
y fijas
y de nadie.
Combatir es soñar, soñar lo muerto,
y la escalera aciaga y caprichosa
y el lagarto que asoma desde la ranura
con su mirada mariguanera
soporífica
y materna.

EPITAFIO EN LA ESCALERA

Yo reí para espantar la muerte... para espantar aquello inexplicable
oh palabras palabras tan pensadas tan sentidas tan en trance
sin vendajes ni duelo ni corona
os di la luz la vastedad el pulso el zigzagueo el trueno...

Yo reí para espantar el miedo
para espantar el miedo de reír: reí
reí en medio de las fiestas con esa risa rudimentaria
y bonachona con que ríen los aparatos de moler encías
y cabellos y dientes y pupilas...

Oh las lóbregas las cáusticas las horripilantes las
incisivas lágrimas sedosas filosas fornicantes
oh las instantáneas las raspadas las quiméricas
las que zumban las que danzan las sinceras
las purificadas al azar con pétalos de orquídeas
y baba desertora...
Mi risa tan desértica y tan niña que picoteaban con odio
mis amigos...

¿Qué mal os hice con reír qué mal os hice?
Decid al viento que yo me iré temprano
con mis cuatro palabras lúcidas perplejas desiguales
y mis bolsillos rotos y mi risa en pedazos y mi voz en pedazos
y la vida...


EL ORDEN EXCESIVO 

A Eloy Alberto Tejera

Ordena tus imágenes y símbolos
con un gesto de euforia o de indulgencia,
intercambia densidad y volumen,
fija tus ritmos en la vaguedad del silencio,
otorga a cada signo un espacio de acción,
de retirada.

Embriágate de vez en cuando cada día,
haz que tu desencanto duela más a los demás,
exagera, ve siempre al extremo de tu verdad
gloriosa.

Sé desmedido siquiera en tus modos
de elevación: aférrate al vacío como
el cóndor que nace.

Del libro: El Fantasma de Broadway Street y otros poemas
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domingo, 23 de octubre de 2011

Rafael Hilario Medina



Rafael Hilario medina, un poeta de los enmarcados intelectualmente por su estilo, época y motivaciones dentro de la denominada poética del o de los ochenta. Reconocido por contar con el favor de una prodigiosa memoria fotográfica para recordar textos suyos y de otros, es, entre todos, uno de los más exigentes con la producción propia, revisa signo por signo la pertinencia y corrección del mismo, muy al estilo del puritanismo de su generación en el uso del lenguaje.

ENTREVISTA AL POETA Y NOVELISTA
RAFAEL HILARIO MEDINA


(El retorno del New Dominican York)
Por Cecilio Olivero Muñoz (para NELG)

 Rafael Hilario Medina dejó sus rutinas,sus libros, sus seres queridos, su casa, para irse al paraíso o al infierno
del mundo, según se mire, o según se logre resistir.

Difícil arte ese, difícil.

Rafael es el personaje sobresaliente de New Dominican York, es el poeta,
el que filosofa, el que indaga en los porqués; se autodefine como un poeta
atrapado, atrapado en la ciudad de New York, poeta libre ya, poeta libre.

Rafael es parte de un documental llamado New Dominican York, dirigida
por Daniel Melguizo, en ese documental Rafael nos habla de una novela,
novela sobre la vorágine y monstruosidad de la que sufre el inmigrante
dominicano, novela que habla de corredores de apuestas y de desarraigo,
él la nombra (a New York) como su cárcel.

Queremos saber el destino
de esa novela.

Queremos saber también la situación actual de Rafael,
queremos saber más sobre el poeta de New Dominican York. La película
data del 2008, en este intervalo de tiempo han pasado muchas cosas,
hablamos con Rafael para que nos las cuente:

ENTREVISTA

-Hola Rafael, ¿para cuándo nuevo libro? 
Bueno, supuestamente este año que casi finaliza iban a salir tres libros de mi autoría.

Una antología poética que vio la luz en NY y que recoge lo que he considerado la parte más
importante de mi poesía; un ensayo sobre la cuentística de Juan Bosch y una novela que, por cierto, ya está lista.

Desafortunadamente, como suele ocurrir en nuestro país, a la institución que le correspondía publicarlos, me dejó fuera.

-¿Cómo te fue con tu libro ambientado en New York?
Publiqué dos libros en NY. La antología poética que ya cité y un libro sobre el erotismo de 18 narradores latinoamericanos.

-Háblanos de tu periplo New-yorkino, ¿crees que hiciste lo correcto volviendo a tu país?

Claro que hice lo correcto. Otros escritores también han precipitado su vuelta. Cuando salí, esa ciudad se caía. No había fuente de empleos por ningún lado y menos para los inmigrantes.

-En el documental dejas unas perlas que son pura literatura, ¿cómo ves a la sociedad New-Yorkina?

Como toda sociedad del primer mundo, cruel, atroz, despiadada. La única oportunidad que el hombre tiene allí, sobre todo si es latino, es la de convertirse en un número, en una máquina o, en el mejor de los casos, en un héroe muerto.

-¿Qué autores te han atrapado como lector? ¿Qué libros y qué autores te han hablado solamente a ti?

Bueno, esta es la mejor de las preguntas. Mi libro de cabecera es nada más y nada menos que El Quijote. No sé cuántas veces lo he leído pero, tal y como me dijo mi padre que le ocurría, siempre termino llorando.

Increíblemente es como si nunca lo hubiera leído pues cada vez que me meto en sus páginas
encuentro cosas nuevas.

Ahora bien, si de algo debo jactarme es de haber leído. Te mencionaré tres o cuatro de las novelas que se han escrito de este lado del mar: Rayuela de Cortázar, La casa verde de Vargas Llosas, Cien años de soledad de García Márquez y un libro que la primera vez que lo leí me voló la tapa de los sesos: Yo, el supremo de Roa Bastos.

Podría anclarme toda una noche y hablar de literatura latinoamericana o sobre los clásicos latinos y griegos; sobre algunos autores ingleses o franceses a los cuales he seguido. De los españoles, además del Siglo de Oro, la generación del 27 o de uno que amo, Miguel Hernández.

-¿Qué destacarías de la poesía latino-americana actual?
Hay grandes autores pero actualmente vivimos una crisis y debido a ello muchos de esos autores no llegan al país.

-Tengo entendido que trabajas en el Ministerio de Cultura de tu país, ¿qué cabos tiene aún sueltos la cultura
todavía?

Todavía hay mucho que hacer sino todo. El problema radica en que lamentablemente nada se respeta. Lo que un gobierno hace el que viene lo destruye. Es una especie de juego perverso.

-Háblanos de tus proyectos futuros, ¿piensas escribir más poesía? ¿Cómo es tu relación con la poesía?

Sí, claro que sí. Amo la poesía porque es el arte de las artes. Mi relación con ella goza de mi buena salud y espero antes de morirme leer de nuevo a los grandes.

-¿A qué edad empezaste a escribir?

Empecé a escribir a los 14 años, en el colegio. El gran culpable fue mi padre por estar hablándome de un tal Cervantes que, para el colmo de males, perdió un brazo en la Batalla de Lepanto.

-¿Cómo ves la situación política en latino-américa? ¿Qué opinas acerca de la inmigración?

Lo quieran o no, Latinoamérica va hacia el socialismo, único camino que le queda.

-Ha sido un placer poder conversar con un poeta lúcido y tajante como lo eres tú. Gracias Rafael, y mucha suerte.

LIBROS PUBLICADOS:
.
El tiempo del amor (Editorial Drake,1986), Amor o muerte (1989),
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Cifra del sueño (1993), Truco de Cámara (1993), La luna y el Dromedario (2000),
.
Sombra de Alondra (2002), Territorio del Alba (2006), Pasifae (2007),
.
El Pozo y la Hoguera (2007).
.
De: Amor o muerte (1989)



http://www.fondosgratis.com.mx/items/arte/digital/12370_mujer-tatuada/

Mini

el alba precedida por el rastro nocturno de los astros enarbolaba el pálido fulgor de sus labios el día roto su negro caparazón de brumas se apresuraba a ser alimentado a ser vivido pronto la corona azul del viento regiría sobre el oscuro mar de los presagios te amo susurraban las tijeras del humo al borde de las fuentes te amo clamaban soterradas las uñas de la noche a la vasta soledad de los caminos te amo repetía la sutil libertad de mi deseo unido al ligero temblor del tuyo única fugaz desconocida te amo recuerda el incesante eco de mi sangre en tus venas

De Cifra del sueño (1993)






No las banderas blancas en el lugar del crimen, no el abrazo de las alambradas, no la vehemencia equinoccial del vino, no las resoluciones del círculo y sus feroces trampas aleatorias; Sombra—mientras un guante descolorido y olvidado trenzara los nudos corredizos del porvenir— aceptaba la lógica de lo absurdo, esas terribles manifestaciones que obedecían al orden de una realidad estrictamente implacable. 

—«Escucho el profundo lamento de las almas de los condenados –afirmaba. 

Y los cimientos del orbe súbitamente parecían resquebrajarse. 

—«Oigo gemir las piedras bajo las negras aguas pantanosas —decía. 

Y la luz atrapada en la circunferencia de sus límites empezaba a extinguirse.
—«Veo un penacho de humo ascender a los cielos a través de una ventana –precisaba.
Y el día ultrajado presentía su inminente derrota. 

—«El hálito del viento atiza las fauces del fuego –sostenía.
Y el aire entumecido jadeaba desgarrado. 

—«La torre arde sumisa, distante, silenciosa
—subrayaba.
Y el tiempo sucumbía, cómplice del exterminio de las llamas.
—«Un montón de nubes negras y aullidos es todo cuanto en la oscuridad percibo –advertía.
Y las confusas voces se expandían insepultas.
—«En el fondo hay una hoguera y cuerpos calcinados y despojos— aseguraba.
Y el mundo era pasto del fuego.
—«Más allá, en la otra orilla, las almas descarnadas aguardan el último suplicio —concluía

Ahora, empero, en el preciso instante en que únicamente su voz es capaz de redimirme, aquella cuyo nombre es un arco luminoso, duerme; y su sueño, del que un ángel sin rostro entra y sale a voluntad, es mi eterna vigilia. ¡Oh tú que me escuchas sollozar confundida entre la estación de la nada y el olvido, viajera solitaria que cada noche te tiendes desnuda en las aguas de mi corazón silencioso, es hora ya de que rompas tu mutismo!
  
Y ella, ahogado temblor de arpa perdida: 

—«En el fondo del pozo hay un espejo. 

Y yo, árbol hendido de nocturno acento: 

—«Tocar el fondo es convertirse en polvo. 

Y ella, campanario de ojos sumergidos: 

—«La luna del espejo es como un río. 

Y yo, orfebre desterrado de sus ojos: 

—«Aprender a ser nadie entre los otros. 

Y ella, onda herida en la orilla: 

—«La corriente del río es una espada” 

Y yo, presidiario del tiempo fugitivo: 

—«Enfrentarse sin fin contra la muerte. 

Y ella, oscura raíz del grito:

—«La espada como el fuego nos redime.

Y yo, ancla en la arena abandonada:

—«Retornar a la nada del principio.
Y ella, torre bermeja de los plenilunios:

—«Cómo liberarme de la nada de la angustia?

Y yo, voz doliente clamando en el vacío:
—«¡Desúncete, Sombra, del abrazo de la noche!

Confundidos bajo los pétalos de la más bella flor del estío atravesamos el jardín. La luna adormecida parecía flotar desnuda sobre las aguas del estanque. Contra los oscuros designios de las olas la codicia del sueño nos arrastraba. El viento iba de uno a otro costado de la tierra. En las inmediaciones del puente de la bruma, justo en el lugar donde a menudo deliraba el ferviente seno de la viña, el pálido fantasma del porvenir nos sorprendió: «¡Oh Fugitiva! -aulló al pie de los trémulos peldaños de la llama- ¡Si la luz de súbito invadió el espacio que en el aire ocupaba la furia de tu corazón devastado, fue para impedir que el dolor asumiera la total posesión de tus dominios! ¡Oh Fugitiva! ¿Qué añoranza alienta la soledad de tus deseos contra el reflejo de la duda semejante?» Fiel, empero, al resplandor que sustentaba la línea de nuestro destino, la balanza del tiempo nos precedía. A esas alturas del camino, en cambio, traspuesto ya el pórtico de los corceles, ni la furtiva rueda del Azar ni la descarnada rosa de la Vigilia conseguirían separarnos. «¡Oh Fugitiva!—susurró perdido un eco mientras ganábamos la firme claridad de otra orilla—Sobre el arco luminoso de tu frente combatían el trébol, los labios de la tormenta «¡Oh Fugitiva!». El piar de los pájaros de la cima eclipsaba la lira del cielo.

De Sombra de Alondra (2002)





HOMENAJE A ISIDORE DUCASSE
Conde de Lautreamont
.
La luz cuya tenebrosa edad ha celebrado en sus
poemas
No le permitió ver más que las tinieblas del fondo
Vivió como se dice por dentro
Desde donde sus pequeños ojos claros podían
reconocerlo todo:
El día la noche las infinitas miserias del hombre
Como todo poeta verdadero se sabía condenado a la
Eternidad
Allí sobre una lápida está escrito por siempre
"EL POETA HA ASESINADO A DIOS"
.


PUERTAS
.
En todas partes hay puertas
abiertas o cerradas
próximas o distantes
visibles o invisibles
Pero puertas al fin
El espacio es una puerta siempre abierta
por la que caemos al vacío
puertas interminables son los días
que atravesamos ignoradosEl mundo es una puerta que sólo la abre un grito
un movimiento apenas
una gota de agua en las entrañas
¿Es una puerta el tiempo?
Hay puertas que no ceden al contacto de una mano
de un cuerpo
herméticas
son muros más que puertas
puertas que están cerradas desde siempre
y no conducen a ninguna parte
Al morir ¿abrimos o cerramos una puerta?
¿De qué lado de la puerta estamos?



.
CERTEZA DE LA MUERTE
.
.
In memorian a mi padre
El último Quixote

Se está frente a la muerte
como quien recuerda una impresión precisa
o un hecho largo tiempo consumado
una muchacha de bellas piernas
en cuyo sexo nos ahogamos
Como frente a un oscuro despertar
y los ojos de la memoria nos traicionan
y nos cierran la puerta los deseos
y una raíz nos llama desde el polvo
inmóvil
un sueño nos seduce
la sombra nos reclama
Se está frente a la muerte
como frente a una noche
o una llama invisible que la lluvia apagara
o una música aplicadamente atroz
o un destino impasible
Inexplicablemente como si no existiera
.
.
SUEÑO DE DIOS Y ADÁN
.
.
Dios soñó a Adán
Y este se echó a andar por el paraíso
O tal vez fue Adán quien soñó a Dios
Y a fuerza de soñarlo le dio vida
Indescifrable como todo sueño la duda permanece¿De cuál de los dos sueños los mortales
hemos sido engendrados?
.
.
SUEÑO
.
“Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”
P. Calderón de la Barca
Todo el tiempo soñamos
dormidos o despiertos
soñamos
El pasado es un sueño
la imagen reflejada en el espejo tal vez es la de un sueño
no vivimos
soñamos
Alguien sueña tus días y tus noches
sueño que nunca comprendemos
pues la puertas del sueño sólo un niño las abre
las ventanas del sueño sólo un aire las roza
y las llaves del sueño las contiene otro sueño
del que no despertamos
Vertiginosa existencia del hombre
en la pupila vertical del sueño
desmemoriado en la eterna vigilia
De: Cifra del sueño (1993)
me desrrostra arrastrándome tras la desfuga desoída de sus pasos me destierra desdormida
desde su desolvido desarma mi desúnico grito de las grietas desúltimas del desueño en
descesantes olas desoladas desperdida a destiempo en la desespiral desmemoria del desdía
acaso de pronto tu voz en las tinieblas descendentes de la desnoche desbusca develar el
prefinto desmisterio de la desmuerte
***
en la noche tus ojos son puñales y tuspechos dos ríos tus ojos en la noche
son dos ríos y al alba son tus pechos
dos torres enemigas tus ojos en la
noche son dos lunas y al alba son tus
pechos
címbalo de cristal luna de amianto
sierpes del sueño procesión de espadas
párpado ciego muro de saliva
caracol en la arena encadenado
atalaya en el viento sumergida
río sonámbulo pulmón de fierro
médula sideral raíz del viento
espejos por los rostros desgastados
campana contra el alba y los mendigos
órbita genital pupila insomne
asombro de la luz y las espigas
quimera equinoccial puerta inasible
primogénita luz del día que nace
entre gritos y escombros
.
De: Ser y ya no ser nada (2004)
.




SON NETO
.
A Warner Vásquez
¿A dónde el pan si zarpo sin orilla?
¿A dónde Dios sin vértigo ni máscara?
¿A dónde mi costado sin su lanza,
ecuación o susurro de la brisa?
¿A dónde el pez, bemol de la balanza,
mientras la sal exhala entre sollozos?
¿A dónde la mañana y el responso
del temblor de la luna y la baraja?
¿Sobrevivir entre fugas de corbatas,
lunes, paraguas, sombras, minutero,
es un dónde, un quizás, un por qué y cuándo?
¿Cada vuelta del tiempo es una llaga,
un retornar por siempre al llanto, al humo
hasta ganar al fin polvo y peldaño?
.
.


LOS ÚLTIMOS INQUILINOS
.
El primer día de la creación fue lunes. Lo recuerdo porque Eva, mi vecina de al lado, tenía
en los senos un agradable olor a miel del paraíso. Recuerdo que esa mañana, jugando,
descubrimos el fuego y en la tarde, en el patio, sin proponérnoslo, inventamos el pan.
—Ven esta noche a casa—me dijo al despedirse.
Y la noche fue larga, muy larga y muy oscura. (Ella apagó las lámparas, sirvió el vino,
repartió el pan y resucitó el fuego)
No recuerdo lo que ocurrió después. Se suscitó un problema en torno a un árbol que, según
entendí, pertenecía a su padre. Inexplicablemente nos perdimos. Inexplicablemente no
volvimos a vernos. Al tiempo yo y los míos nos mudamos del barrio.
Todas esas cosas sucedieron un lunes, lo recuerdo porque en mis labios aún perdura el sabor
de la miel del paraíso.